En 2004 Procter & Gamble lanzó una nueva línea de papas fritas, con imágenes, preguntas de trivial, animales, chistes etc… impresos en cada cara. Fueron un éxito inmediato. Siguiendo un modelo innovador cerrado tradicional hubieran tardado como mínimo dos años para llevar este producto al mercado con todo lo que ello implica en inversión y en riesgos internos. Sin embargo, mediante la aplicación de un enfoque totalmente distinto, pudieron acelerar el proceso de innovación interno desde el concepto hasta la puesta en marcha en menos de un año y con unos costes de menos de la cuarta parte.
Con el modelo cerrado se hubieran gastado la mayor parte de la inversión sólo en el desarrollo de un proceso viable. Un equipo interno contactaría con empresas especializada en impresoras de chorro de tinta para que diseñara el aparato y, a continuación, seguramente habríamos entrado en complejas negociaciones sobre los derechos de uso de la misma.
En lugar de ello, creamos una demanda tecnologica que defina brevemente los problemas que necesitábamos resolver, y lo distribuimos a lo largo de nuestra red mundial de individuos e instituciones a fin de descubrir si alguien en el mundo había encontrado una solución. Fue a través de nuestra red europea que descubrimos una pequeña panadería en Bolonia, Italia, dirigido por un profesor universitario que también fabricaba equipos para hornear. Había inventado un método de inyección de tinta para imprimir imágenes comestibles en pasteles y galletas que se adaptaba fácilmente y nos resolvía el problema. Esta innovación ayudó bastante a esta empresa nortemericana que logró un crecimiento de dos dígitos durante los años 2004 y 2005.